
Para vos que cada vez que subiste sumaste a ver si daba veintiuno. Para vos que estuviste a un boleto del capicúa y viste subir al afortunado. Para mí que compré tres boletos y me quedé con el último capicúa de la historia.
Porque con el boleto moderno (si, ese lleno de números por todos lados) la gurizada perdió el lúdico momento de la matemática de la vida, ese momento impertinente en busca de la suerte. Porque se acabó este juego. Porque lo dijimos primero.
1 comentario:
Habrá que buscar otro entretenimiento para el viaje urbano.
Pero por ahora, se viene el calorcito y hay para entretenerse. El invierno que viene vemos. Arriba las minas
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